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martes, 11 de diciembre de 2007

Lección de Cine: Robert Bresson

......Bresson fue un director con personalidad, de una gran singularidad artística. El suyo es un cine hecho de renuncias, ya que en un momento de la historia del séptimo arte en la que se multiplicaban las posibilidades técnicas y artísticas, optó por dejarlas de lado -empezando por el plano secuencia, y se concentró en el trabajo de montaje, un montaje que en vez de romper la acción, buscaba construir una continuidad perceptiva por medio de la comunicación de ideas, en la que su composición plástica ascética y siempre igual a sí misma, reforzaba la cohesión estilística, y el actor era sustituido por un modelo, quien radicalizaba la búsqueda de la verdad interior.
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Bresson consideraba que el cine, en tanto arte independiente, tenía que prescindir de la actuación, en la medida que esta implicaba que las particularidades del teatro se insertaran en un trabajo del todo distinto al que le correspondía, cayendo en la tentación de hacer teatro filmado. El personaje debe ser inexpresivo, procurando un estilo neutral y ajeno, que se presente en la pantalla por su actividad y no por lo que transmite su rostro ni por lo que dice –que sería, como ya se ha dicho, herramientas del teatro. Él cree que en el cine el animal es perfecto como actor, pues no tiene gestos y traduce sus emociones a través de actos (por ejemplo, un perro está contento de ver a una persona porque corre hacia él moviendo la cola).
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......Si el cine no puede basarse en los actores debe basarse en el montaje, un montaje de imágenes y sonidos que sean también inexpresivos –si per se significan algo, no sirven- y es por tanto, en la yuxtaposición de dos imágenes inexpresivas, de dos sonidos neutros, donde aparece el motivo, la idea. Evita la belleza por la belleza –es bello por lo exacto y por su despojamiento, y así lo que importa es la relación entre el hombre y el hombre, el hombre y la cosa, la cosa y la cosa: es el hombre y el objeto troceado, reconstruido en el montaje. El montaje, por tanto, puede permitirse tres herramientas para llevarse a cabo, que son las herramientas propias del cine: el visual, el audio y el espectador.
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Las dos primeras resultan bastante obvias, y sólo debería agregar que nuestro susodicho siempre consideró que si se podía sustituir un sonido por una imagen, se debía hacer. La tercera es, sin embargo, mucho más interesante. Bresson tendió a considerar a la naturaleza como contrincante, y creía que se debía poner en valor a las cosas por separado. Su cine se escinde en elementos y sonidos parciales que en el montaje sólo se reconstruyen en la cabeza del espectador. Así, es orgánico, y lo que actúa en la escena es el cerebro que organiza las ideas concebidas del orden de las imágenes y los sonidos sin expresión. Para esto, usa con mucha frecuencia, escenas enteras de primeros planos, en donde sólo vemos pequeños recuadros de acción, algunos sonidos que provocan nuestra atención, planos siempre fijos que nos advierten del movimiento en que transcurre lo que vemos en parte, imaginamos en parte; este cine está basado en no ver a diferencia de ver: se ve sólo lo necesario –como buen ascético, y la reconstrucción del escenario final, el plano general, sólo existirá en la cabeza de los espectadores. Es por tanto, un cine que necesita del espectador para terminar de rearmar todas las pequeñas pistas, tanto visuales como intelectuales.
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......Me recordé del querido Robert en los días de la crisis de los veinticuatro, cuando devoraba 2666. Bolaño es, por supuesto, todo lo contrario que nuestro amigo Bresson: no es ascético y tiene muchísimo más sentido del humor, tuvo una vida más de carreteras, más de experiencias, y no tuvo inconveniente de volcarse en proyectos ideológicos que don Robert habría mirado con desdén. Sus obras son, como sus vidas, muy distintas. Sin embargo, en algunas líneas del 2666 creí percibir en Bolaño una deconstrucción del lenguaje muy parecida a la de las películas de Bresson, una composición que si bien buscaba objetivos diferentes, tenía una estructura viva, dinámica y digamos, democrática –desde el punto de vista de la participación del espectador, muy parecidas. Un mismo espíritu estético manejado con inteligencia magistral, que permitía, a partir del último de los montajes –el propio, reconstruir y dar vida a un lenguaje coherente y lleno de sentido, a partir de unas cuantas partículas, llamémosle, unas cuantas partículas elementales. Me valgo, por tanto, de la trascripción de uno de los párrafos del 2666 para rendir tributo a dos jóvenes, que de haber sido contemporáneos al CEA, habrían brindado con nosotros, cada uno desde su lado.
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La primera conversación telefónica, la que hizo Pelletier, enpezó de manera dificíl, aunque Espinoza esperaba esa llamada, como si a ambos les costara decirse lo que tarde o temprano iban a tener que decirse. Los veinte minutos iniciales tuvieron un tono trágico en donde la palabra destino se empleó diez veces y la palabra amistad veinticuatro. El nombre de Liz Norton se pronunció cincuenta veces, nueve de ellas en vano. La palabra París se dijo en siete ocasiones. Madrid, en ocho. La palabra amor se pronunció dos veces, una cada uno. La palabra horror se pronunció en seis ocasiones y la palabra felicidad en una (la empleó Espinoza). La palabra resolución se dijo en doce ocasiones. La palabra solipsismo en siete. La palabra eufemismo en diez. La palabra categoría, en singular y en plural, en nueve. La palabra estructuralismo en una (Pelletier). El término literatura norteamericana en tres. Las palabras cena y cenamos y desayuno y sándwich en diecinueve. Las palabras ojos y manos y cabellera en catorce. Después la conversación se hizó más fluida. Pelletier le contó un chiste en alemán a Espinoza y este se rió. Espinoza le contó un chiste en alemán a Pelletier y este también se rió. De hecho ambos se reían envueltos en las ondas o lo que fuera que unía sus voces y sus oídos a través de los campos oscuros y del viento y de las nieves pirenaicas y ríos y carreteras solitarias y los respectivos e interminables suburbios que rodeaban París y Madrid.
.........................................................................p.62, 2666
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(BIBLIOGRAFÍA
* Historia del cine, Román Gubern. Baber, Barcelona 1995.
* Historia del cine, Georges Sadoul. Losange, Buenos Aires 1956.
* El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer. Paul Shrader. Ediciones JC, Clementine, Madrid 1999.
* Robert Bresson, Rene Briot. Rialp, Madrid 1959.)

viernes, 12 de octubre de 2007

jueves, 23 de agosto de 2007

Metamorfosis (Respuesta a Sin Límites, de Don José Ramón)

Ovidio hace un compendio de la mitología de la época, de la historia metafórica de sus creencias, en una especie de relato épico que tiene como punto de encuentro de las muchas historias, las diversas Metamorfosis de sus personajes. O sea, el desarrollo del mundo, avanza con las transformaciones que experimenta cualquier cosa que se mueva.
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En las Metamorfosis de Ovidio no hay sólo relinchos, susurros, ronroneos, aullidos y ladridos, sino también todo tipo de ruidos y silencios curiosos (silencios porque los tipos convertidos en piedra no hablan -las piedras no hablan).
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A mí, el que más me recordó al CEA fue el relato de la Metamorfosis al hambre. La descripción es conmovedora, patética:
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"Su cabello estaba erizado, los ojos hundidos, la palidez en su cara, los labios blanquecinos de mugre, la garganta áspera de moho, la piel endurecida, a través de la cual se podían ver sus entrañas; bajo los curvos ijares sobresalían los resecos huesos, por vientre tenía el sitio del vientre, podrías pensar que el pecho le colgaba y que solamente estaba sostenido por el armazón de la espina dorsal. La escualidez le había aumentado las articulaciones y estaba hinchado el globo de las rodillas y los tobillos sobresalían inflamados fuera de lo normal."
......................................v801-809, Libro VIII, Metamorfosis

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Todos sabemos que el hambre se pasa con la comida, y todos sabemos también, que cuando la comida escasea, el hombre es capaz de cometer bastantes barbaridades con tal de saciarla. A algunos indios les gustaba servirse entre ellos, y en los estudios científicos sobre Marketing que he hecho en estos últimos tiempos, he aprendido que también en los mercados existe una acepción para este término. El canibalismo ocurre cuando una marca le quita a otra marca de la misma empresa, poder de mercado. Los esfuerzos de la marca por subsistir son a costa de su compañera, siendo la empresa dueña de ambas, la gran perjudicada. En Marketing, cuando dos marcas de la misma empresa se están devorando (porque tienen hambre), la solución es cerrar una, o redirigirla, para que compita con marcas de otras empresas, buscando un nuevo nicho.

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La solución que nos regala Kotler y sus secuaces, me parece la más apropiada para el CEA, que hambrienta, ha empezado comiéndose las manos (primero las uñas, luego los cueritos y al final, sin percibirlo, los dedos -comenzando por el meñique). Nuestro nicho, como muy bien decía Don José Ramón, no está adentro de la Sede de Calle San Damián, sino afuera, donde nos esperan los Mercados Mundiales (las dos M), abiertos a nuestras propuestas, a nuestras brillantes ideas.
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Dejemos de ser una Torre de Babel para el Mundo.

viernes, 17 de agosto de 2007

¿Cambio de casa? Ni hablar

Considero totalmente inaceptable la atomización del CEA. Repaso los hechos, propongo soluciones, espero respuestas.
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En el último tiempo, en nuestra corporación, se han formado dos grupos políticos, muy distintos en formas: por un lado están los Pelucones, llamado así en alusión a Francia, su líder contrarrevolucionario (¿O revolucionario?); por otro, los Lampiños, que debe su nombre al honor del Primer Ministro vigente del CEA, Alwyn. Los primeros son partícipes de un mundo más dinámico, de grandes carreteras, 4*4s y explosiones; los segundos, disfrutan del té inglés a las cinco y suelen asistir, en las temporadas primavera-verano, a agradables reuniones en las que se juega al croquet (con obligación de llevar chaqueta) y se tocan diversos tópicos. Dos grupos, agrego, que no hacen más que repetir la historia del siglo XX, con pequeñas diferencias, anecdóticas.
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Una historia, sabemos, que nos ha dejado más de una herida, y que amenaza con volverse Nietzscheana, en la medida que mantengamos la rigidez en nuestras posiciones. Porque si el tiempo llegara a tensarse, no tengo dudas que todo podría terminar de la peor manera. Basta recordar los Pronunciamientos Militares y por supuesto, la amenaza real que representa nuestro líder armado, el General William.
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Todo esto rememora el conflicto entre güelfos y gibelinos, por allá, en los XII, XIII y XIV de nuestra era, la de Cristo. ¿Si Iglesia o Imperio*?¿Para qué elegir?; Propongo hacer algo propio de nuestros tiempos, los postmodernos: fusionarnos en un nuevo grupo político de consenso, que abarque todas las posiciones, y que podríamos llamar, sin pasar a llevar a nadie, Les Gauches Caviar.
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O mucho mejor, Le Traditionalle Parti de la Gauche Caviar.
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*(Ambos de mayúscula, como corresponde a lo noble. La Iglesia es noble, el Imperio es noble, ¿No resulta evidente?)

viernes, 10 de agosto de 2007

La errata de Bolaño

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"Sé un hombre y carga con tu cruz"
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.......................................R.Bolaño, 2666, p299
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(Qué contradicción más brutal. Yo diría: "Hazte cargo de tu propia mierda; con eso basta" )
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Dos conversaciones de pasillo

Primera conversación
Intervienen un miembro permanente (al que llamaremos C) y un ignorante (al que llamaremos -peyorativamente, XX)
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XX: ¿Y qué es el CEA?
C: Una corporación. Una corporación de intelectuales, por ponerle un apellido. Intelectuales metafísicos, poetas o artistas, según.
XX: ¿Y son inteligentes?
C: Inteligentísimos, que duda cabe.
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Segunda conversación
Intervienen dos miembros permanentes (les llamamos A y B, e imaginamos a A como Tesorero y a B como Secretario General, para que el encuentro se desarrolle bajo términos de normalidad relativa)
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A: ¿Y qué ha pasado con el CEA? Ni discusiones, ni exposiciones, ni lecturas dramatizadas...
B: Es verdad que han estado callados, sumidos en un silencio intimidante.
A: ¿Es que acaso el CEA se ha vuelto afásico?
B: No. El CEA está cursando una depresión. Una depresión corporativa, por cierto.
A: Ah...(Reflexiona un momento) -Claro, es que ha hecho mucho frío. Hasta nevó.
B: Yo diría: incluso nevó.
A: Oiga Secretario General, una pregunta: ¿Acaso usted vio Fargo, esa película de los Coen?
B: Sí, claro
A: ¿Y cómo le sienta?
B: ¿Qué cómo le sienta qué?
A: ¿Qué cómo le sienta la depresión corporativa al CEA?
B: Ya sabe, está con un gesto ausente, pero nada grave...¿y qué tiene que ver Fargo con todo esto?
A: Es que en Fargo también hay nieve, y mucha.
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